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Archive for the ‘Eventos’ Category

Festejo de 70 años de doña Nachita. Mujer comprometida con su comunidad:
– ha estado construyendo la capilla de la comunidad con limosnitas
– parte del proyecto productivo con otras mujeres «panadería San Cayetano»
– celadora del santuario de Atotonilco

 

 

 

 

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Resumen gráfico de la fiesta de San Cayetano.

 

VIDEO MAÑANITAS:

 

VIDEO DANZA:

 

VIGILIA DE ORACIÓN:

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PROCESIÓN:

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MISA:

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DANZA:

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REINAS:

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QUEMA DEL CASTILLO:

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TIENDA SOLIDARIA:

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INAUGURACIÓN DE LOS BAÑOS:

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APORTACIONES DE LA COMUNIDAD Y DE ESTADOS UNIDOS

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Con mucha alegría comienzo a prestar mis servicios en la diócesis de Celaya, en estas comunidades rurales, en la zona noroeste del estado, la de más pobreza y migración del mismo. Les comparto dónde y con quienes estaré viviendo.

Les pido su oración para que sirva a estas personas con entusiasmo, desinterés y alegría. Estoy aprendiendo mucho de la gente y las comunidades, es una gran riqueza vivir con ellos y compartir sus vidas. Ojalá pueda también colaborar con ellos en la apertura de horizontes nuevos para su vida concreta, sobre todo afrontando su principal problema ahora, la migración forzada. Casi todos los hombres terminan yéndose “al norte” terminando secundaria o prepa. Esta problemática tiene consecuencias profundas en la dinámica familiar, social, cultural, religiosa y económica.

Creo es posible avanzar hacia un futuro de mayor esperanza, hay muchos puentes de colaboración que se pueden tender, pero partiendo de la gente, desde abajo y con mucha paciencia.

 

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Siendo la Cuaresma una preparación para la vida, para el encuentro con Jesús vivo, queremos caminar juntos como comunidad hacia la Pascua.

En la Parroquia de San Mateo Apóstol (San Mateo Tlaltengango, D.F.) se van a hacer misiones cada viernes de Cuaresma en los diferentes sectores de la comunidad ¿Qué vamos a hacer?:

  • Queremos acercarnos con la mirada de Jesús a nuestros hermanos, especialmente a los que les es difícil acudir a la parroquia, los que sufren, los que tienen poco tiempo por su trabajo, los que tienen dudas o se sienten solos…
  • Via Crucis en el sector de San Mateo
  • Visita a enfermos y oración con las familias en sus casas
  • Posibilidad de aquellos que quieran de platicar con el sacerdote o confesarse
  • Tema: la caridad fraterna, esencia de la vida cristiana
¿En dónde va a ser?
  • *24 DE FEBRERO PASEO DE SAN JUAN.
    *2 DE MARZO PARAJE LOS CONEJOS-SANTANA-SAN JOSE.
    *9 DE MARZO CALLE DE CHABACANO.
    *16 DE MARZO CALLE DE LAZARO CARDENAS
    *23 DE MARZO CALLE CALLE DE EMILIANO ZAPATA.
    *30 MARZO CALLE DE FRESNOS- CERRADA DE FRESNOS.
Horario: La misión y viacrucis será de 18:00 a 20:00 horas
¿Quieres venir y apoyar? Nos vemos en la parroquia de San Mateo 17:30 horas (google map para llegar).
Además de la misión de los viernes tendremos:
  • Domingo 11 de marzo: Misión especial en toda la comunidad de 9.00 a 18.00 (habrá actividades formativas para niños, jóvenes y adultos)
  • Sábado – Domingo 25 de marzo: Para jóvenes, acudir a escuchar al Santo Padre, Benedicto XVI en León, Gto.
  • Domingo 18 de marzo: Retiro de Cuaresma
  • y varias actividades más…
San Mateo en imágenes:

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Google Map para llegar:

Que todos caminemos llenos de esperanza hacia Jesús, nuestra Pascua.

ANEXO. Un texto para la reflexión (Mensaje del Papa para la Cuaresma 2012 – La caridad fraterna):

MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
PARA LA CUARESMA 2012

«Fijémonos los unos en los otros
para estímulo de la caridad y las buenas obras»
(Hb 10, 24)

Queridos hermanos y hermanas

La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.

Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.

1. “Fijémonos”: la responsabilidad para con el hermano.

El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).

La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.

El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein—es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.

2. “Los unos en los otros”: el don de la reciprocidad

Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.

Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).

3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”: caminar juntos en la santidad

Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.

Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).

Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 3 de noviembre de 2011

BENEDICTUS PP. XVI

© Copyright 2011 – Libreria Editrice Vaticana

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Para todo buscamos prepararnos y actualizarnos: trabajo, deporte, tecnologías… Con mayor intensidad deberíamos buscar estar formados en aquello que es realmente vital.

Les dejo estos datos de un curso prematrimonial y para matrimonios que están empezando:

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Curso para parejas basados en el libro “Enamorarse, amar y funcionar”. Se impartirá en el Instituto Vocacional Sol de la Parroquia de Fátima (México, D.F.) del viernes 20 al domingo 22 de enero de las 9:00 a las 19:00 horas (habrá otro en junio). Estará dirigido a parejas que estén pensando en casarse o que tengan menos de 2 años de matrimonio, el material está buenísimo y creo que es de gran ayuda para que los jóvenes tomen de una manera más consciente y responsable la decisión de casarse y formar una familia. El costo de recuperación es de $2,000.00 por pareja y se incluye el libro y las comidas de los tres días.

Las personas interesadas en el curso pueden comunicarse al 53 95 02 68

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Nuestro espíritu es un mar en el que normalmente navegamos en la superficie. A veces hace falta adentrarnos en las aguas profundas para encontrarnos con nosotros mismos y con Dios. Lo primero es querer, anhelar vivir en la verdad. Pero ayuda mucho un ambiente, un tiempo, un lugar. Anhelamos la paz, marchemos tras ella.

Aquí les dejo los datos de los Retiros Emaús, que puede ser ese momento para ir más hondo en tu realidad, bajo la mirada del buen Dios:

RETIRO EMAÚS

Y aquí un testimonio de Mauricio, quien asistió a uno de estos retiros:

Te quiero contar qué me pasó el pasado mes de mayo.

Fui invitado a un retiro y por principio, me sonó contrario a lo que yo quería hacer e incluso a lo que estaba dispuesto. No sé cómo pero en mi cabeza se quedó y maduro la idea y finalmente fui para ser sincero más porque el domingo me alcanzaría Vero en Miami y pasaríamos un par de días juntos y podía ser una buena excusa que por el retiro en sí.

Aprendí rápido que no existen las casualidades y añadí a mi diccionario una nueva palabra con un gran significado, las Diosidencias y eso es lo que viví. Por muchos lados se me dio todo para poder asistir al retiro y no puedo más que contarte que fue una experiencia maravillosa, llena de pláticas de cómo otras personas han encontrado a Dios en sus vidas, como el amor de Jesucristo está vivo si lo dejas entrar un poco en tu vida y sin mucho rezar, pero con una gran apertura de corazón, a lo cual me ayudaron otros 50 hombres que estuvieron caminando conmigo ese fin de semana, recordé y volví a vivir lo que sentí hace muchos años cuando era muy chico y me permitía abrir ese caparazón, que Dios me ama y no sólo eso sino que me ama muchísimo y que Jesús está aquí, conmigo y con todos los que le queremos decir sí.

Realmente me movió fibras de sentimientos que simplemente te puedo describir como íntimamente bonitos e increíbles, me di cuenta que con todos y mis miles de errores eso no importa si volteo y digo sí, sí te quiero, sí te necesito, sí quiero que me guíes y todos esos sí empiezan a jugar en Diosidencias increíbles no en lo que yo quiero sino en lo que es bueno para mí, para salvarme.

Esto que sentí en mayo, regresé a vivirlo sirviendo como ayuda a otros nuevos caminantes a principios de octubre y junto con muchos otros, hemos juntado voluntades y esfuerzos para traer este regalo de un fin de semana de amor a México. El primer fin de semana de diciembre será el primer Retiro de Emaús en México.

Quiero invitarte a que sientas lo que yo y muchos otros hemos sentido, que sin importar cómo entramos ese viernes del retiro, te garantizo una gran sonrisa dibujada con el rostro de un corazón feliz y satisfecho el domingo y lo mejor sería que ese regalo para ti el mismo domingo lo pudieras compartir también con tu familia.

El retiro en si está preparado y dirigido por laicos de México y otros países quienes le dedican tanto tiempo y esfuerzo a su preparación por estar convencidos de esta experiencia única y maravillosa.

Te anexo el formato de inscripción junto con otro documento que describe más acerca del retiro y la página www.emaus.mx donde puedes conocer más detalles.

Si estos argumentos no son suficientes, al menos piensa que el fin de semana es una bonita oportunidad para dedicarte tiempo a ti mismo sin las preocupaciones que nos aquejan a diario a ti y a mí.

Un abrazo,

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OBJETIVOS

  • Misioneros: ir más llenos de Dios a la misión, mejor formados y asegurando una experiencia de generosidad para los participantes viendo a Cristo en nuestros hermanos.
  • Comunidad misionada: Ser un apoyo en la la formación de apóstoles en la propia comunidad

ACTIVIDADES

  • Misión bimestral
  • Megamisión
  • Sesión de formación mensual o bimestral
  • Bodas comunitarias anual
  • Actividades de convivencia familiar:
    • Convivencia con formación misionera
    • Bicicleteada familiar

CALENDARIO

  • Sesiones de formación: 2º miércoles de mes
  • Martes 27 de septiembre – cena de formación
  • Sábado 1 de octubre bodas (1)
  • Domingo 2 de octubre misiones
  • Domingo 27 de noviembre (y 18 de diciembre que irán misioneros de San Mateo)

 

 

  • Sábado 31 de marzo – sábado 7 de abril
    • Tema: Los misterios de la Redención, Semana Santa
    • Texto: Benedicto XVI, Jesús de Nazaret (II)

 

  • Domingo 20 de mayo
    • Tema: Iglesia y Comunidad. Virgen María

 

INFORMES:

 jlmorton@mortonsubastas.com

 

 

Cómo llegar:

Desde Santa Fe a las Estancias google map:

 

Fotos: cortesía de Lía Rueda

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